Setas, parte 1

¿Te gusta buscar setas?
Te ayudamos a hacerlo / parte 1

Nociones sobre tipos de suelo y vegetación o cómo no perder el tiempo buscando ciertas especies en el lugar inadecuado

Propósito u origen de este trabajo

Estimado lector, este artículo corresponde al trabajo preparado para una charla que dimos a finales del 2015 en la sede del Grupo Micológico Casaraugusta de Zaragoza. Partimos de un documento previo hecho para nuestro propio uso, simple y útil y lo completamos con información adicional de datos de plantas totalmente actualizados y fiables. Naturalmente los registros fotográficos fueron tomados en Aragón, pero esto no quiere decir que nuestra labor tenga un carácter local, creemos que en lo esencial el trabajo es útil al 100% en el resto de la Península y probablemente en un 90% en casi todo el sur de Europa.

El texto íntegro de este documento se le ofreció a la dirección de esta institución, aunque desconocemos si se han dado facilidades a los socios para poder acceder al mismo, dado que nos ha sido solicitado su envío en varias ocasiones por socios amigos o simplemente curiosos de la micología o buscadores de setas.

Nosotros no somos expertos en setas, sino en botánica. Tampoco se trata de un análisis científico dirigido a biólogos ni a estudiosos del suelo, sino de un trabajo de divulgación que pretende aproximar al buscador de setas más o menos experimentado, al lugar donde puede o no encontrarlas. Esa es nuestra voluntad. Y nuestro deseo es que pueda seros de utilidad, ¡pero esforzaos un poquito!.

Julián Resquicio

¿Cómo saber si pisamos un suelo ácido o básico?

Existen varias formas de aproximación al conocimiento de la composición del tipo de suelo:

  1. Por su aspecto exterior (suele requerirse un cierto conocimiento de la cobertura vegetal)
  2. Por su descripción en un mapa de suelos, libros, internet, etc.
  3. Mediante la utilización de medios químicos y/o mecánicos, cada día más asequibles. Los hay que te dan al mismo tiempo no sólo el pH del suelo sino incluso la humedad relativa y la temperatura.
  4. Por el conocimiento de las plantas superiores que lo cubren.

De los cuatro modos citados sólo el primero y el cuarto de ellos (ambos suelen estar íntimamente relacionados) van a ocupar nuestra atención. El modo 2) no lo desarrollamos por su obviedad, mientras que el modo 3), “utilización de medios químicos o mecánicos”, lo descartamos por tratarse de una forma de  reconocimiento del suelo que consideramos poco práctica y que además se aparta de los contenidos que deben tratarse en esta charla.

Si al reconocimiento visual (modo 1) se le añade un estudio mínimo de las plantas indicadoras de suelo, el resultado será siempre cómodo y la apreciación general resultará bastante precisa. A lo largo de este pequeño trabajo vamos pues a detallar un mínimo de plantas que nos permitan localizar con cierta precisión un terreno básico (o calizo), un terreno ácido (o silíceo) o un terreno neutro, este último casi por exclusión de los dos anteriores.

También algunas setas hacen bien el trabajo de identificar la naturaleza de un tipo de suelo (es el método inverso al que postulamos), pero existen dos razones de peso que nos hacen tomar las plantas como referencia: su presencia permanente sobre el suelo y nuestro mayor conocimiento del mundo de las plantas. (Sois vosotros los expertos en setas y en los lugares donde viven) 

Todo un galimatías de nombres raros…

El problema de la determinación de un suelo calizo o ácido comienza ya por la variadísima nomenclatura que encontramos en los libros de plantas o de setas especializados cuando se nos habla del hábitat:

  • sobre suelos ácidos /  sobre suelos silíceos / en suelos acidificados
  • sobre suelos básicos / en suelos alcalinos / bajo pinar calizo / en suelos carbonatados, en suelos yesosos / en suelos muy salinos / en suelos margosos / sobre suelos descalcificados / en suelos descarbonatados, etc.

Que se agranda aún más, cuando se hace referencia a la apetencia de las plantas (u hongos) que lo habitan:

  • plantas acidófilas / plantas silicícolas
  • plantas basófilas / plantas calcícolas / plantas gipsícolas

O, al rechazo de algún componente del suelo:

  • plantas calcífugas

Como podréis intuir, estos términos suelen ser sinónimos (es decir, significan cosas parecidas, no idénticas, que además exceden nuestros conocimientos sobre el tema) pero nosotros en aras de la sencillez, vamos a agruparlos en tres clases aglutinadoras que sirven bien a nuestros propósitos:

Referido a la naturaleza química del suelo:

  • suelos ácidos = suelos silíceos, suelos acidificados
  • suelos básicos = suelos calizos, suelos alcalinos, suelos carbonatados  e incluso, por afinidad, suelos yesosos, salinos o margosos.
  • suelos neutros = aquellos suelos que presentan un equilibrio entre alcalinidad y acidez.

Referido a las plantas que lo habitan:

  • plantas acidófilas (o silicícolas)
  • plantas basófilas (ocalcícolas)

Nos queda descolgado el término calcífuga, aplicado a una especie vegetal o a un hongo, dado que no representa una adhesión clara a ninguno de los tres grupos anteriores, sino el rechazo de un componente del suelo básico: la cal activa o carbonato de calcio.

Estas plantas pueden vivir sobre cualquier tipo de terreno siempre que este no esté excesivamente calcificado. La razón es que un cierto nivel de carbonato de calcio en el suelo impide la absorción del hierro que les es necesario para su desarrollo. (Podéis verlo gráficamente en la Figura 2) En este trabajo estas plantas han sido incluidas, fundamentalmente, en el Grupo 2, es decir, en el grupo de las plantas que prefieren vivir sobre suelos silíceos.

Unas sencillas nociones sobre alcalinidad o acidez del suelo

El pH* es la unidad de medida de la acidez o alcalinidad de una sustancia. Su escala va de 0 a 14, si bien para el objeto de nuestra charla, el límite de alcalinidad o de acidez bastaría con establecerlo en los límites del gráfico que presentamos debajo (Figura 1), es decir entre 5 y 9, aproximadamente, por poner números sencillos, siendo 7 un valor medio entre ambos que es normalmente aceptado como neutro o valor de equilibrio.

alkaline-1
Imagen tomada de pHion Laboratorios

*Lo que mide el pH (potencial de hidrógeno) es la capacidad que tiene una sustancia (un suelo, en lo que nos atañe) para ceder  iones de hidrógeno (H+). La escala muestra cómo a partir del valor de equilibrio (pH7), la capacidad de ceder  iones hidrógeno (a la izquierda) o de recibirlos (a la derecha, cargada de iones hidroxilo (OH)), se incrementa de forma exponencial.

Somos conscientes de lo discutible que puedan parecer estos límites, pero sin embargo no son nada arbitrarios: por debajo de pH 5,5 se producen ciertos procesos de mineralización que hacen casi inviable el desarrollo de las plantas, con la salvedad de aquéllas que han desarrollado adaptaciones concretas.

  • Por ejemplo: El aluminio (Al) no forma parte de las exigencias nutritivas de los vegetales. Este metal es abundante en todo en todo tipo de suelos, pero al no encontrarse en estado soluble puede pasar desapercibido para las plantas. El problema comienza a partir de un pH 5,2 o inferior, pues con este grado de acidez este metal se ioniza y es absorbido por las raíces de éstas, produciendo, entre otros efectos, un bloqueo en la absorción de nutrientes tan esenciales para ellas como el calcio (Ca) o el magnesio (Mg).

Otro tanto ocurre cuando la alcalinidad supera la barrera de un pH 8,5. En este momento el suelo  empieza a presentar déficit en ciertas sustancias (Fósforo, Hierro, Manganeso, Boro, etc.) imprescindibles para el normal desarrollo de las plantas.

La figura 2, abajo, nos da una idea visual de estos procesos:

alkaline-2
Fuente: INIA (Istituto Nacional de Investigación Agraria)

De una forma sencilla y muy visual, la tabla muestra qué sustancias del suelo de las que pudieran ser apetecidas por las diversas plantas, están disponibles para ser absorbidas por sus raíces a los distinto niveles de pH.

Una escala muy progresiva…

Volviendo al gráfico de la Figura 1, vemos cómo la escala de alcalinidad se incrementa a la derecha (partiendo del pH 7, valor de equilibrio), mientras que disminuye a su izquierda indicando un incremento progresivo de su acidez.

Observemos que la acidez o la alcalinidad de una sustancia no es proporcional a los valores de la escala, sino que se incrementan o disminuyen de forma exponencial: pasar de pH7 a pH7,5 en alcalinidad no es indicativo de que un terreno sea un poquito más alcalino, sino 5 veces más alcalino; pasar de pH7 a pH8 (un solo punto) supone incrementar en 10 veces la alcalinidad y, del mismo modo, pero referido a la acidez si operamos a la izquierda de pH7. El valor neutro aunque como ya se ha dicho lo ocupa el pH7, suele ser ampliado por muchos  estudiosos de las plantas al espacio comprendido entre 6,5 y 7,3. Es en este espacio donde se encuentra cómoda la inmensa mayoría de las plantas y, tal vez ampliando un poquito más a la izquierda, la mayoría de los hongos.

Fin de la parte 1

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