Sobre ortografía y correctores gramaticales

Sobre ortografía y correctores gramaticales

¿TE SIENTES MUY IMPORTANTE DICIENDO QUE IGNORAS VOLUNTARIAMENTE LOS NORMAS ACADÉMICAS DE TU LENGUA? ¡HAZ UN PEQUEÑO ESFUERZO Y PONTE AL DÍA!

LOS POETAS SOMOS GESTORES DE LA PALABRA Y TENEMOS LA RESPONSABILIDAD DE ESCRIBIR CON CORRECCIÓN Y RESPETANDO LAS NORMAS ¿TÚ YA LO HACES?

CUALQUIER EDITOR SERIO AL QUE PRESENTES TUS TRABAJOS TE VA A CORREGIR COMO FALTAS TODOS ESTOS MATICES QUE DICES IGNORAR A SABIENDAS

¡EL FUTURO JUEGA CONTRA TI!

Los poetas o escritores que pululan por Twitter suelen ser gente medianamente culta o muy culta y que a su vez, dominan en cierto modo los recursos que nos ofrecen los correctores de escritura. Numerosos errores hallados en los textos publicados por estos, son debidos a la corrección automática de los citados correctores y, en cierta medida, a la consiguiente confianza que como autores todos depositamos en ellos.

Pero ¡atención poetas!, no hay que bajar la guardia, ninguno de los correctores actuales puede sustituir la perfección de tu cerebro y de tus imágenes mentales adquiridas a través de la lectura. Hace unos días, hablaba con una alumna de francés (una sobrina, no doy clases salvo por afinidad con alguna persona amiga o de la familia) y esta me preguntaba:

  • ¿Y tú, tío, no tendrás faltas de ortografía, supongo?

 Mi respuesta fue contundente:

  • ¡Nunca he tenido más dudas ortográficas que ahora, querida Carla! Ahora que escribo libros y utilizo sistemáticamente los auto correctores, cometo numerosas faltas de ortografía. Muchas de ellas por dejación, hago que el corrector las acentúe o las complete para ahorrar esfuerzos; otras por iniciativa propia de este, al no saber discernir sino entre las palabras correctas de su diccionario y la palabra no existente en el mismo.
  • ¡Pero en tu libro no hay ninguna falta!, ¿no? – replicó mi sobrina a la vez consolada por no ser ella la única que comete faltas y un tanto decepcionada por la vulnerabilidad de su tío.
  • No – le respondí – probablemente no haya ninguna falta, pero eso no es el resultado del trabajo de mi corrector, sino del mío propio al releer siempre lo que él escribe o bien al considerar si es o no correcto lo que él me sugiere en muchas ocasiones, como una posibilidad.

Y es esa la realidad de todos los que escribimos utilizando los adelantos tecnológicos. El uso de un corrector adecuado supone un ahorro de tiempo increíble. Normalmente te corrige los acentos o simplemente los coloca si tú lo dejas hacer; otras veces, cuando encuentra en su diccionario palabras con la misma escritura y significados distintos (homófonas), te ofrece la posibilidad de elegir entre ellas, si bien nosotros, debido a la premura con que escribimos, probablemente lo ignoremos, lo que representa la causa de numerosas faltas ortográficas que nos parecen impropias del poeta que escribe y que, por lo general, son debidas a la escasa corrección de los textos escritos. En el caso del inglés (por ser la lengua sobre la que se han diseñado los correctores), e incluso del francés (pese a la enorme irregularidad de esta lengua, solo existe una norma, el francés estándar, el francés de “l´île de France”, el cinturón de París ), todo esto es bastante sencillo y las herramientas de corrección predictiva funcionan bastante bien.

El caso del castellano, la lengua que nos hermana a casi 550 millones de almas, la cosa se complica un poco más, pues pese a que todos los pueblos de habla hispana compartimos no solo una misma lengua sino incluso una misma normativa académica, la extensión del mundo hispánico es tan amplia que los correctores al uso son incapaces de adoptar soluciones medianamente convincentes.

Las distintas particularidades locales del uso de nuestra lengua común en un área tan extensa, hace difícil, el empleo de unos algoritmos basados en una lengua tan sencilla y tan lógica como es el inglés. ¡Y no!, el francés ahora no lo metemos en la misma cesta. El francés es una lengua opuesta a la sensatez lógica del inglés, es anárquico y complicado, pero a la vez es muy normativo, como se ha explicado ya unos párrafos más arriba, y esto facilita las cosas al corrector.

Desgraciadamente, nuestros medios de información públicos, especialmente canales de televisión de difusión cultural o de ocio, no llegan con la facilidad y abundancia que sería deseable a toda la zona de habla hispana, si bien se está en el buen camino debido al desarrollo de las tecnologías digitales. Además existen grandes áreas en las que la colonización histórica de otros pueblos europeos (pensamos en Argentina), ha creado matices lingüísticos de cierto calado que influyen negativamente en el uso correcto de la lengua castellana que nos hemos dado entre todos. Fijaos que Argentina es uno de los países que más ha aportado a su desarrollo a través de autores tan ilustres como Borges, Cortázar, Sábato, por citar sólo algunas de las insignes figuras que han hecho grande nuestro idioma común.

El habla de Argentina no representa una situación diferencial en nuestra literatura. Estos autores son tan dignos conocedores del castellano, como lo pudiera ser un mexicano, un chileno, un colombiano, un venezolano, etc…, o un español de la Península o de sus zonas insulares. Sin embargo, dada su enorme extensión e importancia económica en la zona de habla hispana, produce distorsiones en la forma de utilizar el castellano en muchos lugares de Sudamérica. Sin ir más lejos, en el corrector incluido en mi recién adquirido Office 2018, me encuentro con que algunas palabras del castellano no solo no las reconoce sino que me las traduce al argentino, lo que me hace suponer que su diccionario ha sido alimentado por usuarios de este gran país.

Vistas ya estas pequeñas observaciones sobre la riqueza y la complejidad de nuestra lengua común, el castellano, deseamos hacer un inciso para aclarar que cuando hablamos del español, no lo hacemos en un sentido de exclusividad, sino de extensión, de globalidad. En España se hablan varias lenguas más (son zonas bilingües), como ocurre en el continente americano donde hay decenas de lenguas, y todas ellas son parte de nuestro patrimonio cultural común y deben ser respetadas y potenciadas.

Por otra parte, las pequeñas variaciones locales de los distintos países de la hispanidad, contribuyen ampliamente a la evolución y enriquecimiento de nuestra lengua común, al ser dichos términos incluidos en nuestro gran diccionario de referencia, el de la RAE que reúne a través de ASALE, a todas las academias nacionales de nuestra amplia zona lingüística.

ortografía y gramática
Corrector gramatical en Mac

Notas sobre normas ortográficas

No voy a hacer un resumen de las nuevas normas académicas que fueron adoptadas en noviembre del 2010 en la ciudad de Guadalajara (México) y que en parte ya fueron esbozadas con carácter optativo en la reforma iniciada en el año 1999.

Las normas que se establecieron en 1999 fueron deliberadamente ignoradas por la mayoría de nosotros. Algunas de las variaciones introducidas eran discutibles e incluso lo continúan siendo (sicología en lugar de psicología, etc.), pero os confieso que cada vez son vistas con más normalidad. La Academia era consciente de ello y entonces dejó la posibilidad de que fueran escritas con la grafía anterior o con la nueva. Los mejores correctores permitían ambas posibilidades o bien te dejaban acotar si deseabas utilizar las palabras en una grafía o en otra.

La nueva normativa del 2010, ya no deja opción a elegir una u otra forma de escribir ciertas palabras, sino que de forma imperativa te indica cómo deben ser escritas.

Naturalmente tú puedes elegir si escribes o no con la grafía anterior, pero cuando presentes un libro a un impresor de cierto prestigio, todas esa palabras que tú has deseado mantener con los viejos criterios, te serán corregidas como faltas de ortografía. La normas se hacen para ser respetadas. Y además la mayor coherencia de las normas actuales, contribuirán a hacer del castellano una lengua más dinámica, más lógica, más coherente, más traducible para las nuevas tecnologías. Debajo recojo una pequeña síntesis de algunas modificaciones que es conveniente tener en cuenta, pues ningún editor serio te las va a dejar pasar en tu manuscrito.

La conjunción disyuntiva «o» se escribirá siempre sin tilde.

  • No olvidéis que la tilde tenía una significación diacrítica (acentuábamos la “o” para no confundirla con el cero), lo que hoy, gracias a la escritura en los tratamientos de texto, lo hace innecesario. LA “O” ENTRE CIFRAS SE ESCRIBIRÁ SIEMPRE SIN TILDE.
  • La supresión del acento ortográfico en el adverbio sólo. Quitaos de la cabeza eso de si solo es un adverbio o no, si equivale a “solamente” o habla de soledad. Hay dos razones poderosas para que sea así, pero que no explicamos en aras de la sencillez. “SOLO”, SE ESCRIBIRÁ SIEMPRE SIN TILDE, SEA UN ADVERBIO O NO.
  • Todos los demostrativos (este, esta, ese, esa, aquel, aquella, etc.) al margen de que sean pronombres o simples determinantes, se escribirán siempre sin tilde. La Academia no ignora que pudiera darse algún caso de ambigüedad, pero siempre –dice- podrá determinarse por el contexto. LAS FORMAS ESTE, ESE, AQUEL CON SUS FEMENINOS Y PLURALES SE ESCRIBIRÁN SIEMPRE SIN TILDE. No hacerlo será considerado como falta.
  • Hay una regla de ortografía en castellano que ha sido históricamente ignorada y continúa siéndolo por numerosos poetas ilustres de Twitter. LOS MONOSÍLABOS NO LLEVARÁN NUNCA TILDE, SALVO QUE ESTA SEA MOTIVADA POR RAZONES DIACRÍTICAS. Solo se me ocurre citar un sustantivo, (infusión), frente a  te (pronombre átono), aunque hay algunos más y son citados más adelante.

Todos los demás casos que se me ocurren son determinantes frente a pronombres (mi casa / para ; el trabajo / él trabaja; etc.)  En el caso de las palabras con apariencia de bisílabas («guion», «Sion», «truhan» o «fie»), pero que son monosílabas, se escribirán del mismo modo sin tilde. Ojo, no confundir con palabras bisílabas como día, mía, etc. que sí llevan tilde para romper el diptongo. La mejor forma de distinguir unas de otras es pronunciarlas correctamente.

  • Los prefijos «ex», «anti» y “pro» ya no estarán separados de la palabra que los precede: Ej. “próvida”, “expresidente”, “exmarido”, “procónsul”, etc.

Únicamente las expresiones compuestas como; alto comisionado, capitán general, podrán utilizar los prefijos «ex» y «pro» en forma separada: “el ex Capitán General de la zona

  • Ya no se escribirá «Papa» con letra inicial mayúscula, para hablar de la máxima autoridad de la Iglesia Católica, sino «papa», con minúscula: «Esperamos la visita de su santidad Benedicto XVI» (!guau!, el papa ya no es más que el papá o papa de los andaluces)
  • Se evitará la mayúscula inicial en «don«, «doña«, «fray«, «santo«, «san«, «excelencia«, «señoría«, «sor«, «vos” (argentina), aunque se admite la mayúscula inicial en los tratamientos protocolarios de las más altas dignidades (su santidad, su majestad, su excelencia)
  • Las partículas como , él, y puede que alguna más, se escribirán sin tilde cuando sean determinantes y con tilde cuando sean pronombres, en esto no hay cambios (“tu casa”/”tú lo has dicho”; “el acento suyo”/ “el acento de él”)
  • Más (adverbio), continúa diferenciándose de mas, partícula adversativa con valor de “pero” aunque, en general, dado que el “mas” adversativo es casi un arcaísmo de escasa utilización, podemos decir que la palabra “más”, llevará tilde en el noventa por ciento de sus usos. (“Vinieron ocho hombres más, mas desconozco las causas”)
ortografía y correctores
Corrector ortográfico

ALGUNOS DE LOS ERRORES MÁS FRECUENTES QUE HALLAMOS EN NUESTRAS LECTURAS POÉTICAS DE TWITTER

  • No discriminar claramente entre la preposición “a” y “ha” del verbo haber. La última forma que suele preceder al participio verbal en los tiempos  compuestos. No es muy habitual. El corrector considera correctas ambas formas y salvo que haga corrección contextual no se enterará de nada.
  • Sustitución de “vaya” (Pte. de suj. del verbo IR), por “valla” (cercado)Hemos copiado en Twitter: “el que no vallas a la velocidad de la luz con tu carrera o vida personal…”  (La falta se repetía de forma reiterada en el mismo texto)
  • ” acentuado. Es tal vez la falta de ortografía más extendida en las redes sociales, es casi un virus ortográfico. Los correctores desconocen si debe o no ser acentuada, ambas palabras están en su diccionario. No es un error atribuible a los correctores. Recordad que los monosílabos no llevan tilde salvo en algún caso diacrítico. , se acentúa cuando es un pronombre. (“¡Qué sabrás tú de lo que sucede en tu casa!”) Es una regla muy simple, ¡apréndetela!
  • Haya” (subjuntivo del verbo haber o especie de árbol) y ”halla” (del verbo hallar) Es una confusión habitual dada la habitualidad de ambas palabras.
  • hecho” (verbo hacer) con “echo” ( del verbo echar) Es confusión frecuente y es preciso tener cuidado. El corrector no tiene nada que decir en ninguna de ellas, ambas son correctas.
  • calló” (verbo callar) y “cayó” (verbo caer) Relativamente frecuente.
  • a ver” (simplificación de “vamos a ver”) por “haber” (infinitivo del verbo haber) Común y a evitar, no da una buena sensación de quien escribe.
  • porque” (conjunción causal) y “por qué” (introduce una frase interrogativa o exclamativa) También es posible escribir “el porqué” (sustantivando la forma anterior), pero es muy raro.
  • Ver escrito nos monosílabos dio, vio, fue, fui con acento es de lo más común. Recordad que todos ellos son monosílabos y que estos solo pueden llevar acento para distinguirlos de sus homófonos:
  • te (pronombre átono) / (infusión)
  • se (pronombre reflexivo) / (Pte. indicativo verbo saber o imperativo de ser)
  • de (preposición) / (Pte. indicativo verbo dar)
  • Recordad: “solo” siempre sin acento, no os compliquéis la vida.
  • Recordad: este, ese, aquel, aquella, con sus femeninos y plurales siempre sin acento, sin tener en cuenta nada más.

Con esto no pretendemos agotar un tema tan ambicioso, todo lo contrario, ofrecemos unas notas fundamentales, asumibles por todos nuestros poetas, pero al mismo tiempo tendente a evitar al menos el 80% de las faltas frecuentes, que no es poco. En otra ocasión comentaremos la importancia de redactar bien. La utilización de los signos de puntuación y la diversas interpretaciones de lo que escribimos en función de un uso correcto o no de estos signos. Pero eso será otro día.


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