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La España por hacer

Una visión personal soñada por muchos españoles y postulada por bastantes grupos políticos pero no defendida por nadie

Es evidente que el poder corrompe, no a todo el mundo, claro, pero puede decirse que es éste un fenómeno bastante generalizado. Probablemente el problema no sea nuevo y este tipo de estigma se haya producido siempre pero eso no lo hace menos intolerable. Tampoco es éste un problema de ideologías, qué duda cabe, si bien el fenómeno parece  más frecuente en las filas de la derecha, lo que indica que las clases más pudientes tienen una clara tendencia a no quedarse atrás respecto a las clases menos favorecidas que llegan al poder. Los ricos roban porque quieren tener más (es el síndrome de la avaricia), los menos ricos roban porque desean parecerse a sus “iguales”, a aquéllos personajes con los que comparten un tiempo de su actividad pública o empresarial. Si los políticos fuesen realmente vocacionales, esto es, si buscasen solamente la notoriedad, el agradecimiento y respeto de sus conciudadanos por una dedicación honesta a las responsabilidades públicas, probablemente sería conveniente que fuesen de la clase adinerada, pues eso evitaría que intentasen enriquecerse rápidamente al precio que fuera, pero dado que esto se produce en contadísimos casos, es preciso dictar unas normas mínimas que tiendan a controlar su comportamiento y buen hacer en beneficio de todos. Evidentemente esas normas deben ser las leyes, unas leyes ágiles y severas que a través de un poder judicial independiente, intente  evitar la tendencia, casi generalizada, a convertir la función pública en un negocio para el incremento de sus intereses, ya sean personales, familiares o de grupo.

Son muchas las cosas y los comportamientos que la corruptela  extendida ha puesto de manifiesto. La gente ve la corrupción en todo y en todos: los partidos políticos, los mandatarios, en ciertos sectores del poder judicial, en la Iglesia, en las instituciones independientes alimentadas en todo o en parte con dinero público, etc. Nada se salva ni es ajeno a esta sensación de hedor generalizada. Ningún partido político del ala histórica, parece ser capaz de mantener una relación estable con sus habituales votantes, lo que está dando alas a los grupos surgidos de la misma manifestación callejera, grupos generalmente de inexpertos que desean abordar el poder y que probablemente sean tan corruptos como sus antecesores en el momento en que lo alcancen, esa es la norma. Personalmente me he manifestado siempre en la calle con estos grupos que despotricaban contra el “sistema”, contra un sistema que ya no era capaz de aportar soluciones a los numerosos problemas surgidos de la crisis de 2007. El grito reiterado de “No es una crisis, es una estafa” era y continúa siendo compartido por todos. Sí, sí es una crisis, pero una crisis injusta, una crisis que ha cambiado todo el sistema de valores, que ha enriquecido brutalmente a los que ya eran ricos al tiempo que ha contribuido a empobrecer a muchos millones de españoles. Las clases medias, que continúan siendo por excelencia las clases creadoras de riqueza, las clases generadoras de cultura, en todos los países más desarrollados de nuestro entorno, en España están a punto de desaparecer.  Sí es una crisis, pero una crisis elevada  a su máxima expresión por el egoísmo y la avaricia de las clases más acomodadas, entre las que no se salva ni siquiera la monarquía.

¿Os imagináis a un directivo de la banca robando a manos llenas con una tarjeta opaca mientras su Banco – que unos meses después ha de ser rescatado con el dinero de todos- le paga 2,5 millones de euros anuales?. Fijaos que esta remuneración supone el salario digno de unos cien trabajadores, o de unos 200 pensionistas con salario medio (¡ya lo quisieran muchos!) de 12000 euros anuales. ¡Dios mío, adónde hemos llegado! 

Hasta la llegada del euro todo iba si bien que mal, pero de repente los ladronzuelos se encontraron con que era necesario multiplicar todo por 166,66 (valor de cambio aproximado de la peseta a la nueva moneda). Imaginaos  un sueldo antes del  euro de 415 millones de pesetas anuales, ¡qué pasada ¿verdad?!

Y antes todo esto, los partidos históricos ¿cómo están reaccionando?

El PP bajo el ¿control? de Mariano Rajoy y su equipo hace aspavientos de tarde en tarde para demostrar a sus potenciales votantes que todo va a cambiar, que todo el que la hace la paga, que la justicia es igual para todos, que los malos son siempre los demás, etc. Pero esos argumentos ya no convencen a nadie, el hedor es ya demasiado fuerte para sus votantes moderados (que son muchos); la mesura de su gobierno, por el contrario, no convence a la minoría más conservadora en la que a veces se refugian los políticos alejados del sistema por “cese en el negocio” o expulsados por falta de ejemplaridad manifiesta. El PP es ahora prisionero de sí mismo. El PP no necesita enemigos exteriores al propio partido, sus enemigos están dentro, son parte de las entrañas del propio partido.

El PSOE ha hecho los deberes con un poco más de aplicación y ha creado una célula de poder nueva, de gente más o menos limpia aunque sólo a pequeña escala. En su estructura general continúan ejerciendo el poder en la sombra  un nutrido número de personajes y afines, llegados con la democracia y que todavía continúan ejerciendo el mamoneo en numerosísimos organismos de todo tipo. Algunos de sus líderes han mantenido el poder cual si de sultanes se tratase durante los últimos treinta o treinta y cinco años, sin perder una sola oportunidad de estar presentes en las primeras líneas de las sucesivas convocatorias de elecciones de cualquier tipo, tanto a nivel local (concejales, alcaldes, asesores, etc.), como a nivel autonómico, nacional o incluso europeo. Basta con que miréis las sucesivas listas de candidatos de los últimos 30 años en vuestras circunscripciones. Numerosos concejales han ocupado puestos dentro del aparato del poder local de forma continuada desde los comienzos de la democracia, hasta hoy. Compañeros míos salidos de la Universidad en el 78, ingresaron en las filas de la izquierda y se han jubilado en ellas, eso sí, escalando hacia la derecha desde la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), hasta el PSOE o Chunta Aragonesista, cuando no hasta el PAR.

Hasta la crisis del 2008 todo parecía perfecto. El dinero que nos llegaba a espuertas de Europa,  unido al crecimiento del PIB español durante el  largo periodo precedente, permitía a toda esta chusma de adictos politiquillos y funcionarios allegados pasar desapercibidos, pero acabada esta etapa el sentimiento nacional de que algo debía cambiar de forma profunda e inminente se acentúa. Surgen los movimientos sociales como el 15 M, las mareas, etc., que indican que estamos ante la esperanza de una nueva etapa,  una nueva etapa que se desea más justa, más limpia, más transparente, más próxima al ciudadano, más democrática.

Lo que yo no entiendo….

En estos momentos es evidente que existe una crisis de valores, y las instituciones están siendo cuestionadas por una gran parte de los ciudadanos de este país. Hay en nuestra democracia elementos heredados, pre democráticos,  que sería bueno conformar para un buen funcionamiento futuro del sistema:

  • ¿Por qué no se somete a referéndum si deseamos o no ser una monarquía?Hacer esto, mediante un consenso previo de todos los partidos políticos, mediante un porcentaje mínimo prefijado, supondría consolidar nuestra forma de estado. No hacerlo, supone mantenernos a los españoles rehenes de la herencia franquista. Personalmente me siento republicano, pero si ese referéndum se celebra y como parece previsible lo ganan los monárquicos, yo seré tan monárquico como la mayoría de ciudadanos del Reino Unido. ¡Es el juego de la democracia!
  • ¿Por qué no hacemos una separación neta entre el poder del Estado y la Iglesia?
  • ¿Por qué no regulamos el funcionamiento del Senado para darle la función de Cámara Territorial que parece que le es propia o, simplemente, lo eliminamos?
  • ¿Por qué no se revisa el llamado Consejo de Estado, ese enorme cementerio de elefantes,cuando de todo el mundo es conocido que este organismo no es sino un refugio para que ciertas personas del poder, gastadas, expulsadas, etc., continúen disfrutando de unos privilegios tras ser separados de este por los procedimiento democráticos?
  • ¿Por qué no se disponen las condiciones y mecanismos legales que tiendan a una España Federal  para que las autonomías que así lo deseen    – y estoy pensando, sobre todo, en ese porcentaje de catalanes insolidarios y llenos de complejos que ocupan cada día la portada de los informativos – puedan convertirse en pequeños países federados, asumiendo claramente las ventajas y los inconvenientes, sin que ello implique desgajamiento del territorio nacional? 

En cuanto a la primera pregunta, la legitimización de la monarquía, es muy probable – casi evidente según algunos – que ésta saldría airosa, ¡pues adelante!, así seríamos una monarquía legitimada.

 Tal vez esto supondría algún contratiempo para la posibilidad de aquellas autonomías que desearan erigirse en país federado, pero no creo que el problema sea en absoluto irresoluble, y si lo fuera el camino es claro, la monarquía no tiene porqué ser eterna como lo demuestra ahora la fugacidad del matrimonio. Ya no estamos en la Edad Media, se les compensa económicamente y a otra cosa.

Lo de hacer de España un país laico de verdad,  es algo que está en el subconsciente de una gran mayoría de españoles. Si esto se somete a referéndum la mayoría está garantizada, y no sólo lo votarían los no católicos sino que también sería votado por una gran mayoría de los creyentes honestos, los creyentes de verdad. Piénsese que en este país somos casi todos católicos de bautismo, pero sin embargo la Iglesia produce un sentimiento de repulsa, en la inmensa mayoría de los españoles bautizados y en muchos casos creyentes. 

Este punto, es siempre parte de los programas de la izquierda (el actual líder socialista Pedro Sánchez  ya lo ha hecho suyo) pero luego son incapaces de desarrollarlo cuando gobiernan, por miedo a ofender a esa media docena de votantes que pudieran pensar que es un rojo de mucho cuidado, y que así se empezó en la víspera de nuestra vergonzosa contienda nacional. No la historia no se repite. Si esto se hace, el mayor beneficiado será la Iglesia, la Iglesia de la fe, claro está, no la Iglesia del poder y de la riqueza terrena poseedora probablemente del 20% del patrimonio nacional, además exento de impuestos. Basta ya de indicar en el cuadradito de la declaración de la renta si deseamos que el  0,0X por ciento de nuestros impuestos sea destinado a la Iglesia. El que de verdad sea creyente y practicante que lo done a su iglesia como un acto de aproximación al cauce de su fe y que sea desgravable hasta el conocido 0,07% que tanta repulsa nos produce a muchos.

La inmensa mayoría de los españoles, ahora parece que también el papa Francisco (¿?), deseamos una Iglesia evangélica, contributiva, sin privilegios de ningún tipo salvo los que les concedan sus fieles si los tiene con carácter personal. Tal vez ese día muchos españoles se acerquen a la misa dominical, ahora vacías, y pongan un par de euros en la cestilla. 

Si esta iniciativa la llevase a cabo la derecha – ya sabemos que no puede por la enorme cantidad de votos y de presiones que le llegan por esta vía – el PP se consagraría para los próximo treinta años como un partido liberal de derechas tan respetable y probablemente más votado que su opositor socialista o cualquiera de los partidos emergentes. Es sólo una idea.

En cuanto al Senado, es algo que está también pendiente de resolución. O tenemos un senado de verdad, que cumpla realmente su función territorial o lo eliminamos y reducimos gastos y privilegios, que no es nada baladí. No podemos mantener un Senado como refugio de gente bien pagada, para que los partidos políticos puedan encauzar a aquellas personas a las que deben compensar, por razones casi siempre oscuras. Llevar a alguien al senado significa hoy en día apartarlo de la vida política activa pero sin que pierda sus privilegios, compensándole económicamente con el dinero de todos. Lo correcto no es tener que compensar a un político, por arrojarlo de la vida política activa, cuando lleva veinte años de ejercicio, lo correcto es que esa vida política esté limitada en el tiempo por unas leyes claras que obliguen al político a  regresar a su vida activa, si la tuvo, o a buscarse la vida como todo el mundo a partir de ese momento. Ser político no debe ser sinónimos de haber ganado unas oposiciones de funcionario, pero sin el inconveniente de un sueldo limitado.

Este mismo razonamiento podría aplicarse al Consejo de Estado, cuyos fines no están muy bien definidos pero cuya utilidad última es similar a la del Senado.

Probablemente penséis que mi forma de ver las cosas está muy próxima a Podemos, movimiento al que en cierto sentido respeto profundamente, pero todos estos puntos que acabo de enumerar me consta están en el subconsciente de una gran mayoría de españoles, especialmente jóvenes, casi siempre moderados, cuya inclinación de voto se dirigiría tanto a una izquierda moderada como a una derecha más progresista que la que hoy representa el PP. Esperemos que algún día el PP sea capaz de segregarse de sus sectores más retrógrados representados por la Iglesia y las minorías nostálgicas de la dictadura. El día que eso suceda, la democracia habrá ganado la batalla y las fuerzas más conservadoras estarán aglutinadas en un partido de extrema derecha con una clara tendencia a desaparecer.


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