Biblioteca elegante

Biblioteca-Refugio

Photo by Skitterphoto from Pexels

¿ES ESTE EL FUTURO QUE TIENEN NUESTRO JÓVENES?

Esto sucedió en la Biblioteca Ricardo Magdalena de Zaragoza, pero la historia pudo suceder en cualquier lugar.

Estoy sentado en la biblioteca releyendo una nueva versión del Kybalión. La biblioteca Ricardo Magdalena, ubicada en el antiguo matadero, es un lugar donde reina el silencio y la armonía y representa un espacio muy adecuado tanto para hacer una lectura meditativa (tal es nuestro caso ahora mismo) como para la lectura convencional y el estudio. De hecho pensamos que se trata del centro público de lectura de mayor ocupación de Zaragoza, pues pese a su elevado número de plazas, ciento noventa y dos (sin contar la sala infantil), muchas veces hemos de renunciar a sentarnos por no existir sitio disponible, y esto en cualquier día de la semana y en horarios normales. A su éxito contribuyen, sin duda, una arquitectura bellísima (obra de don Ricardo Magdalena, restaurada con ayuda de los Fondos Europeos, en 1991) y el caudal de luz que invade todos sus amplios espacios. Normalmente disfrutamos de nuestras aficiones (¿adicciones?) en este bello espacio, por suerte situado frente a nuestra casa, pero hoy no nos ha sido posible alcanzar la paz habitual en nuestro momento de lectura debido a algo que no había observado jamás: a mi izquierda, en el pupitre de enfrente, hay un joven de unos treinta años que no está sumido en la lectura sino en un sueño falto de expectativas y esperanza. Probablemente se trate de un sin techo, que ante el frío de esta mañana invernal busca aquí el calor de una calefacción casi excesiva que le invita al descanso.

En el pupitre de enfrente, hay un joven de unos treinta años que no está sumido en la lectura sino en un sueño falto de expectativas y esperanza.

El joven Refugiado

Pese a encontrarnos a unos tres metros de distancia de él, percibo su olor de fogata nocturna, de abandono, de soledad, de probable falta de higiene y de expectativas. Debido a ello, los pupitres de esta zona, habitualmente de las más solicitadas por estar preparada para conectar aparatos multimedia, están hoy casi vacíos. En parte lo entendemos, pero los raros adictos a este rincón tranquilo que permanecen allí junto a nosotros, parecen no sentirse molestos luciendo sus flamantes portátiles y tabletas con los que ejecutan sus apuntes. Nosotros en cambio no lo podemos asumir. Nos resulta del todo imposible centrarnos en nuestra lectura mientras observamos a un hombre joven derrotado. Y, enseguida, nos ponemos a escribir estas cuatro líneas, ya casi en soledad (en soledad plena treinta minutos después), frente a este pobre joven abandonado por la sociedad de la abundancia. Hace un momento ha hecho un gesto de incorporarse, ha mirado como escribo tranquilo,  ha observado que estaba casi sólo en la bancada corrida de pupitres y ha vuelto a sumergirse en su sueño de cálida desesperanza.

Joven "refugiado" durmiendo en la Biblioteca Ricardo Magdalena
El joven «refugiado» habitual de la biblioteca. Incluímos una foto,dado que no muestra señas de identidad alguna.

El olor a pobreza y abandono ha empezado a hacer mella en nosotros y hemos debido seguir el camino de huida de todos nuestros compañeros de pupitre. ¡Lástima!. Esperábamos que se despertase para hablar unas palabras con él e incluso poder invitarle a comer algo, pero su sueño, probablemente, lo estaba paseando por los placeres de una sociedad de consumo, falta de sensibilidad, de la que él no formaba parte. Al salir, lo puse en conocimiento de la directora del centro, quien me atendió con amabilidad, no denunciando su presencia en un lugar de lectura y estudio, sino demandando una solución por parte del Ayuntamiento, una solución humana, para este tipo de situaciones que no deberían ser frecuentes, ni siquiera admitidas, en una sociedad de “sobrados” (y de sobras), como la que nos ha tocado vivir.

Esto sucedió en la Biblioteca Ricardo Magdalena de Zaragoza, pero la historia pudo suceder en cualquier lugar. Hay que sensibilizar a la gente con este tipo de cosas. A mí casi me resulta provocador, cuando saco mi flamante MacBook 12” con el que escribo, en la biblioteca. Y creedme que me he ganado a pulso lo poco que tengo, pero ello no me impide pensar que la riqueza de nuestro país debe tender a ser mejor distribuida, debe hacerse de forma más equitativa y teniendo siempre presentes a nuestros jóvenes, sin cuales este país dejaría de tener ese futuro brillante que algunos anhelamos.

Fue escrito en Zaragoza el 15/02/2019 a las13:00


SpanishEnglishFrench